Hoy en día la inteligencia emocional ha tomado bastante importancia en el liderazgo relacional dentro de las organizaciones, impactando en el resultados y desempeño de los equipos de trabajo.

Según Goleman la Inteligencia emocional es sinónimo de saber gestionar nuestras emociones, y tiene cuatro pilares:
-La autoconciencia
-La autogestión
-La conciencia social
La capacidad de gestionar nuestras relaciones
Se ha demostrado que una mala gestión de nuestras propias emociones pueden impactar en resultados que no queremos como renuncias, mal clima laboral, pésimas relaciones con amistades, compañeros de trabajo y  jefes o por último baja probabilidades de encontrar empleo.
Por otro lado una emoción dura aproximadamente noventa segundos si la dejamos fluir.  
Entonces , ¿por qué sentimos que las emociones pueden durar semanas, meses o años?
porque volvemos a recordar mentalmente el evento que nos genero esa emoción, una y otra vez, de tal manera que se convierte en un estado de ánimo.
Por ello es necesario tomar en cuenta lo siguiente para aumentar nuestra inteligencia emocional en nuestras relaciones:
1) Educación Emocional
Las emociones son energía que nos permite generar una acción. Ellas tienen sus luces y sombras, no existe emociones buenas o malas, cada una tiene un propósito específico para nuestra vida dependiendo del contexto.

Hay miles de emociones sin embargo las 6 básicas como: la alegría, la tristeza, la rabia, el erotismo, el miedo, la ternura, son emociones que deben habitarse a plenitud de manera equilibrada. Esto quiere decir recibirlas con amor y apertura.

2) Tomar Responsabilidad
En muchas oportunidades he escuchado la frase: “el o ella me hizo sentir así”, y es que si no asumimos la responsabilidad de como nos sentimos, no encontraremos acción para poder generar resultados distintos.  
Desarrollar responsabilidad sobre nuestras emociones, implica hacer una pausa, respirar y tomar conciencia sobre el pensamiento que desencadeno esa emoción y poder regularla de manera efectiva.
Recuerda el otro no tiene poder de hacernos sentir de una manera u otra, ese poder muchas veces se lo otorgamos nosotros.
3) Reconocer mis emociones
Reconocer las emociones demanda un trabajo hacia adentro, en mi caso la tristeza era para mi la emoción más compleja de habitar, huía de ella, tenía el pensamiento que llorar no era beneficioso, más adelante comprendí que la tristeza tenía una finalidad y es la de aceptar una perdida.
Por ello es importante identificar la emoción que nos cuesta habitar, por ejemplo: puede ser la rabia la cual si no se expresa adecuadamente puede llegara dañar a otros o de lo contrario pueden pasar por encima de uno. También pudiera ser el miedo, que usualmente tiene la función de cuidarnos ante una amenaza. La idea es poder clasificar aquellas emociones que son complicadas para nosotros y clarificar que juicios tenemos de ellas.
Si te es complicado reconocerlas, yo te propongo un ejercicio: durante el día escoge un lugar donde no haya interrupción y  a solas cierra los ojos, respira, y ve reconociendo las sensaciones corporales, esto puede tomar de 10 a 15 minutos con ello podrás aumentar tu inteligencia emocional aprendiendo a interpretar las señales de tu cuerpo.

4) ¿De qué alimentamos nuestra mente?

Reflexionar sobre nuestra dieta diaria de información con la que llenamos nuestra mente, puede servirnos para filtrar aquello que nos causa calma, intranquilidad, irritabilidad o estrés.

Si iniciamos el día con las noticias probablemente tenga un efecto bastante negativo durante nuestra jornada laboral, pensar en un futuro que no existe contribuye a generar ansiedad o hasta la música que escuchamos puede generarnos cierto desequilibrio.

Por ello es importante generar acciones que nos lleven a la quietud, como meditar en las primeras horas del día durante 15 a 20 minutos.

Con esta práctica podremos estar más claros a la hora de tomar decisiones y estar más presentes.
5) Frenar nuestros juicios sobre otros
Es natural que nosotros como seres humanos emitamos juicios de valor, sin embargo controlarlos y darle el lugar apropiado, nos ayudará a canalizar nuestras emociones de manera adecuada.
De esta manera generaremos mayor empatía en nuestras relaciones, de modo que tengamos una escucha profunda hacia el otro, además de comprender los sentimientos que puede traer el compañero o el jefe en el trabajo. Con ello podremos fortalecer nuestra red de contactos y expresar lo que sentimos. 
Finalmente…

Desarrollar la inteligencia emocional es algo que se puede aprender, y también un proceso que toma su tiempo. Por ello es necesario que al acabar el día podamos reflexionar tomando nota de aquello que es necesario fortalecer para aumentar nuestro nivel de inteligencia emocional y el nivel de conexión en nuestras relaciones.